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Mary Poppins y el viento del Este


#1

Manuel Ligero
Por qué el clásico de Disney es, seguramente, la película política más importante de todos los tiempos.
Podríamos dividir el mundo en dos grandes categorías: en una, la de los que consideran un gasto superfluo y una prueba de imbecilidad suprema comprar comida para las palomas a una anciana indigente; en la otra, el resto de la humanidad. La primera controla nuestra vida desde el nacimiento, aleccionándonos sobre la utilidad de las cosas, moldeando nuestros deseos, encauzando nuestra vocación hasta ponerla finalmente a su servicio. Un ejemplo: puede que te guste escribir, puede que tengas madera de periodista, pero es muy difícil que llegues a ganarte la vida con eso . En cambio, si escribes lo que hoy se llama branded content , si escribes (bien, obviamente) para las marcas, es bastante probable que puedas llenar la nevera. Y hay que comer, así que no tienes muchas más alternativas. Dicho de otra forma: hay que hacer rentable tu habilidad. Hay que hacerte rentable a ti. Rentable para otras personas que no escriben ni crean ni fabrican nada. Personas que no hacen otra cosa que acumular capital, propiedades, poder. ¿Cómo encaja el arte en un mundo así? Pues igual. Haciéndolo rentable. Piensen en Jeff Koons , por ejemplo. No en el valor artístico de su obra, que es muy cuestionable, sino en el dinero que genera.
Desde esta perspectiva, pintar escenas campestres en una acera con unas tizas de colores puede considerarse el summum del arte inútil. Eso no puede comprarse, no puede subastarse en Christie’s. ¿Qué rentabilidad podría sacarse a un dibujo efímero que queda a merced de la lluvia y los viandantes? Para el capital, ninguno. Para el autor, con suerte, unas cuantas monedillas surgidas de la empatía de sus semejantes y conseguidas gracias a su talento y su esfuerzo. Retirar a ese hombre la circulación y ponerlo a producir para el sistema es un imperativo del capitalismo. Por eso Bert, el artista callejero/músico ambulante/deshollinador de Mary Poppins , es un anarquista. Un héroe que desafía el poder establecido. Y un quintacolumnista luminoso , porque dinamita la moral económica neoliberal desde su mismo corazón ideológico: el cine de Disney.
Tras el estreno de la segunda parte, El regreso de Mary Poppins (2018), es bueno recordar que la película original de 1964, además de ser una de las más grandes obras maestras de la historia del cine, es un hito del arte revolucionario a la altura de El acorazado Potemkin . Y si Bert es un anarquista, la niñera mágica que se presenta en el domicilio de la familia Banks es una jacobina (poder centralizado y dirigido de arriba abajo) con un enorme poder de movilización (pone a marcar el paso a cualquiera que se cruce en su camino) y que actúa siempre bajo la ética de la responsabilidad. ¿Y de dónde viene esta mujer “prácticamente perfecta en todo”? El sitio exacto no lo sabemos a ciencia cierta, aunque podemos hacernos una idea: viene con el viento del Este. ¡Del Este! La cosa está clara como el agua. Pero sigamos analizando alguna de las características más sobresalientes de ese soberbio manifiesto político que es Mary Poppins .
https://www.lamarea.com/2019/02/08/mary-poppins-y-el-viento-del-este/0-4 0-3